Vivir es el triunfo

¿Qué haces?, se pregunta, ¿por qué dejas pasar días que son el calco del anterior sin que nada cambie? ¿Merece la pena el esfuerzo? Vivir es el triunfo.

¿Qué haces?, se pregunta, ¿por qué dejas pasar días que son el calco del anterior sin que nada cambie? ¿Merece la pena el esfuerzo? Vivir es el triunfo.

"Roma, concédeme tu luz perpetua", escribe Antonio Portela en 'Ciudadano romano'. Si nos hicieran una autopsia, muchos llevaríamos Roma en el ADN.

Existen esos libros. De nuevo: existen esos libros. Son los que se identifican perfectamente en su lugar de la estantería y se miran para estar en paz.

Tan corto como una espiración agitada es La ciudad, de Laura Villar Gómez; apenas 30 páginas en las que desentraña un tiempo, un espacio y una imagen.

Hay libros cuyos versos están tan pegados a la realidad que podrían perfectamente sustituir a los papeles periódicos. Detallan la vida a modo de diario.

Porque eso es En los estantes, de Javier Gilabert, un hacer balance en un momento en el que ya se ha de mirar tanto atrás como al futuro.

Algunas lecturas se quedan guardadas al fondo, reverberan desde ahí, son historias que, de pronto, forman parte de uno mismo y para siempre.

Una rosa, blanca, era el verbo en el principio del espectáculo, Los misterios del Quijote. un paseo diluido por la obra de Cervantes.

Silvio. Un descubrimiento. Un rayo de luz entre las nubes más negras de la noche. Hace ya unos años que abracé al trovero cubano.

¿Recuerdas, María, el misterio brillante que se alojó en nuestro estómago al chocar de bruces con la Cisterna? Ese palacio sumergido pudo ser nuestro viaje.