La elegancia del Tigre

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El público –en su mayoría británico– llegó dispuesto a dejarse enamorar por la voz de Tom Jones, que el pasado viernes ofreció un concierto de casi dos horas en la plaza de toros de Murcia. Y aunque el cantante británico agradeció la predisposición del público, demostró que a sus 76 años no necesita de la compasión de sus seguidores para abrir bocas y convertir el lugar de su concierto en una gran pista de baile.

Con la elegancia del sir que es, enfundado en un traje, con un gran estado de forma y una voz limpia, poderosa y con garra, el Tigre de Gales dejó claro que todavía tiene fuerza para dar ‘zarpazos’ a las partituras. Y para ello se rodeó de una decena de músicos que consiguieron sacarle partido a sus instrumentos y ofrecer un espectáculo rico en matices con los que supieron meterse al público en el bolsillo.

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Jones abrió un concierto en el que recuperó sonidos del rock and roll clásico y del blues con su voz únicamente acompañada de una guitarra y la batería. Lo hizo quizás para demostrar que el peso de los años no ha afectado a sus cuerdas vocales. Y es que el de Gales viró de los agudos brillantes a los graves más oscuros y solemnes a lo largo del concierto, en el que generó más de una ovación en mitad de los temas.

Y de la ovación a la sorpresa. Porque en este concierto, con el que el artista va a visitar lugares como Francia, Reino Unido, Suiza o Alemania, Tom Jones no solo interpretó temas de nuevo cuño, sino que dio un giro de tuerca a canciones míticas como Sex Bomb, Green Grass o It´s Not Usual, que desfilaron bajo el velo del rhythm and blues ante un público con ganas de bailar.

El Tigre reina entre los ingleses

Los ingleses tomaron La Condomina el pasado viernes. Un alto porcentaje del maduro público que acudió a escuchar al Tigre de Gales eran personas de origen británico que se había desplazado tanto desde poblaciones cercanas como desde otros puntos de la península. Llegaron –como casi todo el público– con ganas de bailar, de cantar y de lanzar piropos al intérprete que, sin perder la mirada pícara, traviesa, juguetona y azul, despidió cada canción con una reverencia sutil. Ama la música. Lo dijo al final del concierto: habría que seguir tocando toda la vida.

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