Nieve que arde

Martirio canta A Bola de nieve.

Asumir un riesgo para ser caricia. La vida desgajada en los 15 pétalos de una flor púrpura. Martirio ya no canta, susurra ahora una Verdad, la suya: única y original, arriesgada y profunda. Sus últimos trabajos son un manifiesto a la belleza, responden a la vocación de caminar un paso más allá de la sinceridad, de transgredir la frontera con la frente alta, de construir una obra genuina y franca.

La cantante onubense se ha asociado una vez más -y ya van tres- al pianista Chano Domínguez para lanzar al mercado A Bola de nieve, un homenaje de sabor cubano al cantante y pianista desaparecido en 1971.

A Bola de nieve es un disco para el silencio y las velas, para el olor de algún incienso que recuerde vagamente a los jazmines. Clic para tuitear

Martirio, que ya ha trabajado sobre la obra de otras grandes voces poseedoras de la Verdad, como la de Chavela Vargas, mira ahora más allá del océano para acoplar su voz a los temas que más emociones generaron en aquellos que tuvieron la suerte de escuchar a Bola de nieve en algún momento.

Lejos de interpretar una canción, Bola de nieve la sentía revoloteando entre sus cuerdas vocales y bajo las yemas de sus dedos. Algo parecido hace, sin pretenderlo, Martirio en este disco producido por Raúl Rodríguez para Universal.

Bola de nieve, homenajeado por Martirio y Chano Domínguez.
Bola de nieve, homenajeado por Martirio y Chano Domínguez.

Porque ya no sirven las máscaras. Porque la peineta y las oscuras gafas que esconden los ojos de misterio de Martirio son cáscara hueca ante la tristeza de temas como Ya no me quieres, Se equivocó la paloma o Vete de mí, que la cantante, junto con el gaditano Chano Domínguez, desnudan sobre la negra madera del piano de cola.

Disponen, ambos artistas, sus almas frente al que escucha el disco. Y así se genera ese ambiente de teatro en el que el actor, por momentos, parece estar diciendo su vida, y no la del ser que interpreta.

A Bola de nieve es un disco para el silencio y las velas, para el olor de algún incienso que recuerde vagamente a los jazmines; un trabajo para escuchar con la boca cerrada y los ojos abiertos, para enjuagar las lágrimas ante la nieve que arde.

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