Cuatro poemas de Efraín Bartolomé

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Efraín Bartolomé (15 de diciembre de 1950) es un poeta y psicoterapeuta mexicano y una de las voces líricas más importantes de Hispanoamérica. Su trayectoria poética, marcada por un profundo conocimiento de la sonoridad y el ritmo y por incluir el imaginario animal de la selva Lacandona, ha sido galardonada con numerosos premios.

Su obra está compuesta por numerosos libros, recogidos por Poemas del Alma: «Entre sus obras publicadas, siendo Ojo de jaguar la primera, encontramos Ciudad bajo el relámpago, Cuadernos contra el ángel, Cantos para la joven concubina y otros poemas dispersos y Ala del sur, la cual fue editada en tres idiomas simultáneamente. Es también autor de los discos compactos La palabra del poeta Efraín Bartolomé y Efraín Bartolomé: Música lunar».

Cuatro poemas de Efraín Bartolomé

Río nocturno

Nada se puede hacer contra la lluvia
Nada contra el río negro
que baja hasta alcanzar el fondo lodoso del pueblo

Nocturno río que cae
grita    azota   quema    tiembla     hace ruido
y abofetea al viento y a la tierra
a octubre que acaba de nacer
y a la memoria
bocanada de aguardiente
estallando en la hoguera del insomnio

Hubo otros años en que el cielo venía
igual    a tocar el tambor de los tejados
y el mango frondosísimo del patio sonaba a selva
como un antiguo caracol cuando recuerda el mar

Era la misma lluvia que ahuyentaba los sueños
hacia largos días
y nos traía el río hasta la puerta

Veinte años después nos encontramos
Sabe que estoy aquí
No ha envejecido su terquedad
su furia           su desgarrado grito

Pero todo es distinto

Se transformó en jardín la selva de la casa
Uso lentes y barba
Tengo veintinueve años y dos hijos
Asfaltaron las calles

Pero todo es igual

Otra vez el insomnio
El mismo viento que agitaba el mango
Y estoy inquieto y tiemblo
Y me digo que cuando el agua pase
cuando todo se calme
sacaré mis recuerdos a la calle
a jugar a los barcos

Nada se puede hacer

Soy otro
y soy el mismo

El río nocturno suena

La noche sólo piensa en caer
y caer.

El barco

Amarras la conciencia como un pequeño barco
y entras al sueño como quien ve pasar el río
recostado en la arena tibia de la ribera

Todo pasa
Todo navega en las aguas del silencio:
Crecen las plantas
Ovulan las mujeres
Madura el fruto y se prepara
para un nuevo golpe de sol
Crecen las uñas de los cuerdos
Crece el pelo en el cráneo de los locos
Palpa la embarazada —con cuánto amor—
al futuro asesino que se gesta en su vientre
Palpa su tumor el canceroso
Gime por amor el solitario
Gime por amor el ahíto que es amado por dos
Gira la Luna en su órbita
Gira la Tierra
Todos los corazones retumban con vigor
y hacen sonar el corazón del mundo

Despiertas
Subes de nuevo al barco: todo brilla

Tú ya sabes por qué

                                    Alguien     desde la orilla     te ve pasar.

Cielo y tierra

Y las aguas de Arriba amaron a las de Abajo
y eran las aguas de Abajo femeninas
y las de Arriba masculinas…

¿Has oído, amada?

Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo
Tú eres el lecho de los ríos y el asiento del mar
y el continente de las aguas dulces
y el origen de las plantas y de los tiernos o duros o feroces animales
de pluma o pelo o sin pluma ni pelo

Yo soy la lluvia que te fertiliza

En ti se cuecen las flores y los frutos
y en mí el poder de fecundar

¿Has oído, amada?

Nuestro lecho es el Universo que nos contiene

¿Has oído bien?

Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo
Y mi amor se derrama sobre ti como la lluvia
o como una cascada que cae del sol
rompiendo entre nubes como entre peñascos
y entre los colores del arco iris y entre las alas de los ángeles
como entre las ramas espesas de una vegetación inverosímil

Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo

¿No lo escuchas?

Y aunque digas que sí
tal parece que no porque ahora, Tierra,
cabalgas sobre mí (en el lecho que es el Universo)
y eres tú el Cielo y tu amor se derrama sobre el mío
como una lluvia fina

Y yo era la Tierra hasta hace unos instantes pero ya no lo sé
porque hemos girado y descansamos sobre nuestro costado
y los dos somos Tierra durante uno minutos deleitosos

Y ahora estoy en pie con los pies en la tierra y los ojos en el cielo
y tú no eres ni Tierra ni Cielo porque te hago girar
con los muslos unidos ferozmente a mi cintura
y eres el ecuador o yo soy el planeta Saturno
y tú eres los anillos que aprendimos en la escuela
y giras

Y ahora somos Cielo los dos y volamos
elevándonos más allá del Universo

Y en lo más alto del vuelo algo estalla en nosotros y caemos
vencidos por la fuerza de nuestro propio ecuador que se ha quebrado

Pero seguimos siendo Cielo aunque yazgamos en tierra

Derrumbados en tierra pero Cielo

Tierra revuelta y dulce pero Cielo

Cielo vencido cielo revolcado pero Tierra

Pero Cielo.

Desde el más personal de todos los silencios

Desde el más personal de todos los silencios
tu vestido desciende
                                     para aclarar el mundo

Cubres de sol mi piel
Propagas en mis muslos el motín de la carne

Mis párpados se cierran
Siento tu tacto hundiéndose
Buscando suaves luces
                                         piel adentro.

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