Cave y Cohen

Circula desde hace años por internet una curiosa imagen ilustrada. En ella, Leonard Cohen, el viejo bardo, sostiene en sus brazos a Nick Cave. He investigado y se trata de una obra del pintor Ben Smith realizada en 2011.

El cuadro se llama Leonard Cohen consuela a Nick Cave. La relación entre ambos es evidente, especialmente si se analizan los últimos años de carrera de ambos.

Los dos, con una obra crepuscular que rompe los límites de la canción y sacraliza el acto del directo; los dos, dueños de una visión profundamente espiritual del proceso de creación; Los dos, sinceramente imperfectos.

Voces rotas, letras simbólicas en las que lo profano se imbrica con lo divino. La divinidad despojada de jerarquías y desplazada a esa grieta, dijo Cohen, por donde siempre entra la luz. Dos catedrales góticas tamizadas por el sol naranja del ocaso.

Qué curiosa es la vida.

Leo, durante algunas semanas, los poemas del Libro del anhelo, publicado en España por Penguin Random House. Son textos que sirven como semilla de canciones, que expanden el imaginario del canadiense, que se elevan entre ilustraciones casi burdas, pero repletas de una verdad irónica y poco complaciente.

De esas páginas, estos versos:

Es tan divertido
creer en Dios
Deberías probarlo alguna vez
Pruébalo ahora
y averigua si
Dios quiere
o no
que creas en él.

Cohen tiene una capacidad única de ofrecerme consuelo incluso cuando me enfrenta al abismo y a la nada.

Por eso, casi como si mis dedos fuesen manejados con los hilos de una marioneta, dejo este libro y cojo, por intuición, Fe, esperanza y carnicería.

Editado por Sexto Piso en España, este libro recoge las conversaciones que Nick Cave y Séan O’Hagan mantuvieron durante la pandemia. A lo largo de larguísimos encuentros telefónicos, el periodista y amigo del cantante lo somete a un interrogatorio profundo sobre la creación, la manera de afrontar la muerte de su hijo y de algunos familiares queridísimos, el modo en el que se enfrenta al estudio de grabación con un buen puñado de canciones bien construidas que luego se desmiembran para convertirse en lo que hoy son Ghosteen, Wild Good o Carnage.

Veo, en el sincericidio de Nick Cave un grito quedo y continuo en busca de clemencia, un pedir misericordia mientras se aprecia la belleza del paso de lo segundos, el modo en el que se abre a la música para encontrarse con el fantasma energético de su hijo, la manera en la que ama la parte de sí mismo que construye Susie, la mujer del vampiro.

Leo:

Desde que Arthur murió he podido escapar de la fuerza absoluta del dolor y experimentar una especie de alegría que es completamente nueva para mí. Fue como si la vivencia del dolor me ensanchara el corazón de alguna manera. He vivido muchos más periodos de felicidad que antes, a pesar de que ha sido lo más devastador que me ha sucedido jamás. Este es el regalo que me dejó Arthur, uno de muchos. Es su munificencia lo que me ha hecho una persona distinta.

Y señalo una y otra cita.

Para volver.

Para sentirme en un regazo frío y austero.

Pero necesario.

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