Entran jazmines en casa (Papeles de trasmoz, 2015), de Pedro Serrano, huele a calor de hogar, sabe a mirada personal del mundo y tiene el tacto del amor. El breve poemario del poeta ilicitano es de lectura en mesa de camilla, de paz con el mundo.
Son poemas con la capacidad de sosegar la tormenta más terrible:
Tu piel
tiene mi manos,
por eso creo que escribo
a través de ti estas palabras
en los días que no se aparecen las luces,
por eso acaricio tu mano
esta noche donde se sofocan
los objetos (cuando la humedad cae
de los árboles), y espero yo que regreses
antes de quemar
los dedos, y la piel,
cuando todo lo vivo duerme.
Sería un encuentro de emergencia
volverte a tocar, si estás aquí antes
de cualquier brevedad que nos lleva
a su fin.
El tacto, la caricia, el beso… dibujan un poemario que canta a la mujer, que celebra el amor ante todo -y pese a todo-. Los poemas, sin título y sutilmente numerados del uno al treinta y cinco (más un PRIMERO y un ÚLTIMO a modos de prólogo y epílogo) abundan en esa idea de lo cotidiano, de lo ausente de sorpresa, de lo casero, que se torna a la vez sorprendente, necesario, imprescindible; tal vez, lo único verdaderamente importante:
Y también
oler la noche,
con su aliento de mujer dulce
haciendo acopio
de todas las formas
que la cruzan.

