Compré Pantanosa el día que me enteré de la muerte de su autor, Paco Miranda. Hace unas jornadas terminé la novela con la sensación de que la he leído en el momento adecuado, pero tarde.

Pantanosa, de Paco Miranda.
Pantanosa, de Paco Miranda.

Era el momento adecuado porque si me hubiese enfrentado a Pantanosa sin conocer a Paco, incluso, qué se yo, conmovido por su repentina e inesperada desaparición, la habría dejado a medio, perdido en alguno de los inabarcables laberintos en los que se mete a lo largo del texto: política, sentido del orden y de la justicia, filosofía, psicoanálisis, drogas…

Y tarde, porque de haberlo hecho antes, habría comprendido el complejo mundo de Paco, ese extraño amigo -amigo, sí- que aparecía de vez en cuando y que siempre acaparaba las conversaciones con apuntes de autores y libros. De haber vivido antes en las calles de Pantanosa habríamos podido compartir más conversaciones inagotables. Y esta vez sí: sería capaz de contestarte.



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