Cuatro poemas de Nicanor Parra

Nicanor Parra.

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, 5 de septiembre de 1914 – La Reina, Santiago, 23 de enero de 2018) fue un poeta, matemático y físico chileno.

Nicanor nació pegado al arte. Su familia fue su mejor escuela: «su padre, don Nicanor Parra, profesor primario y músico; y su madre, doña Rosa Clara Sandoval Navarrete, tejedora y modista de origen campesino, que también tenía aficiones artísticas y solía cantar canciones folclóricas».

Pedro S. Lastra, en su artículo Introducción a la poesía de Nicanor Parra, analiza, de un modo profundo, la llamada antipoesía, que el autor chileno creó y cultivó a lo largo de su vida: «¿Qué entiende Parra por antipoema? Él ha escrito: «El antipoema que, a la postre no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido con la savia surrealista -surrealismo criollo o como queráis llamarlo- debe aún ser resuelto desde el punto de vista psicológico y social del país y del continente a que pertenecemos para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético. Falta por demostrar que el hijo del matrimonio del día y de la noche, celebrado en el ámbito del antipoema, no es una nueva forma de crepúsculo, sino un nuevo tipo de amanecer poético«.

Asegura el investigador: «Parra ha logrado dar cima a una concepción estética, cuyos aspectos principales se refieren a la prescindencia de toda retórica, a la sustitución de un vocabulario poético gastado, por las expresiones coloquiales más comunes, entre las que no escasean ni la información periodística ni el léxico burocrático, en un contexto general que suele adoptar con frecuencia un carácter conversacional. Sin embargo, Parra consigue siempre sacar el mejor partido de las palabras, y la incorporación de aquellos elementos considerados durante mucho tiempo atrás como espurios, le permiten describir, cabalmente, los contenidos de la vida moderna».

Nicanor Parra.
Nicanor Parra.

Cuatro poemas de Nicanor Parra

Cambios de nombre

A los amantes de las bellas letras
Hago llegar mis mejores deseos
Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.
Mi posición es ésta :
El poeta no cumple su palabra
Si no cambia los nombres de las cosas.
¿Con qué razón el sol
Ha de seguir llamándose sol?
¡Pido que se llame Micifuz
El de las botas de cuarenta leguas!

¿Mis zapatos parecen ataúdes?
Sepan que desde hoy en adelante
Los zapatos se llaman ataúdes.
Comuníquese, anótese y publíquese
Que los zapatos han cambiado de nombre :
Desde ahora se llaman ataúdes.
Bueno, la noche es larga
Todo poeta que se estime a sí mismo
Debe tener su propio diccionario
Y antes que se me olvide
Al propio dios hay que cambiarle nombre
Que cada cual lo llame como quiera :
Es es un problema personal. 

El hombre imaginario

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios.

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Solo de piano

Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia, 
Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso; 
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan: 
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo; 
Ya que nosotros mismos no somos más que seres 
(Como el Dios mismo no es otra cosa que Dios) 
Ya que no hablamos para ser escuchados 
Sino para que los demás hablen 
Y el eco es anterior a las voces que lo producen; 
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos 
En el jardín que bosteza y que llena de aire, 
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir 
Para poder resucitar después tranquilamente 
Cuando se ha usado en exceso de la mujer; 
Ya que también existe un cielo en el infierno, 
Dejad que yo también haga algunas cosas: 
Yo quiero hacer un ruido con los pies 
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

Para que veas que no te guardo rencor 

Te regalo la luna
seriamente -no creas que me estoy burlando de ti: 
te la regalo con todo cariño
¡nada de puñaladas por la espalda! 
tú misma puedes pasar a buscarla 
tu tío que te quiere
tu mariposa de varios colores
directamente desde el Santo Sepulcro.

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