Dalí presta su paleta a Dante

La Divina Comedia, por Salvador Dalí.

A mitad del viaje de la vida, Dante, detenido por tres grandes pasiones que simbolizan la Lujuria, la Soberbia y la Avaricia, se aparta del verdadero camino. Así comienza la Divina Comedia, una de las obras maestras de la literatura universal, en la que Dante Alighieri narra su descenso al Infierno, el duro camino por las llanuras del Purgatorio y el increíble y ansiado ascenso al Paraíso.

Desde la aparición de la obra, en los primeros años del siglo XIV, han sido muchos los artistas plásticos que han tratado de ‘materializar’ el ensueño del escritor y pensador italiano: Botticelli, Miguel Ángel, Gustave Doré, William Adolphe Bouguereau y Miquel Barceló, entre otros, han ofrecido al mundo sus interpretaciones del mundo imaginado por Dante.

Purgatorio, canto XVIII. Salvador Dalí.
Purgatorio, canto XVIII. Salvador Dalí.

El pintor Salvador Dalí fue uno de ellos. Motivado por un encargo del Gobierno italiano en el 700 aniversario del nacimiento del escritor, posteriormente cancelado, el artista creó 100 acuarelas originales (una por cada canto) que terminaron siendo reproducidas en xilografía. Unas de estas reproducciones, edición de la compañía francesa Les Heures Claires en 1960, se expone estos días en el Torreón de Lozoya, en Segovia.

Dalí. La Divina Comedia es el nombre de esta muestra, que se podrá visitar hasta el próximo 1 de septiembre, y cuya consecución supuso 5 años de trabajo al genio catalán. En las obras, Salvador Dalí no solo muestra lo narrado por Dante en los distintos cantos de su obra, sino que ofrece su particular (y original) visión del mundo, de lo terreno y lo humano, de lo espiritual y sagrado.

Salvador Dalí dialoga con la Divina Comedia, de Dante, en una exposición en la que el genio catalán funde el universo narrativo del italiano con su obra. Clic para tuitear

El Infierno, el Purgatorio y el Paraíso imaginados por Dante dialogan con los creados por Dalí, que reflejan también sus obsesiones y tendencias pictóricas. Así, el visitante podrá identificar algunos de los motivos recurrentes en el trabajo del pintor surrealista. Es posible imaginar a Gala en el rostro de Beatriz, y a Dalí en el mismo Dante, en una búsqueda no de la expiación de los pecados (o tal vez sí), sino de la verdad de su propia pintura.

La muestra ‘respira’ muy bien en las salas del Torreón de Lozoya, y, salvando algunos problemas en la redacción de los textos que acompañan a las reproducciones y que rompen la atmósfera -máxime cuando las xilografías dialogan con una obra literaria-, supone un agradable paseo por las obsesiones de estos dos artistas que, pese a la distancia temporal entre ellos, parecen demostrar numerosos puntos en común.

Infierno, canto IV. Salvador Dalí.
Infierno, canto IV. Salvador Dalí.
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