Flamenco y más en la Sala Temple

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Acudir a un espectáculo flamenco en Madrid en la Sala Temple es un verdadero acierto. Este centro está completamente entregado a este «extracto de fuego y de veneno», que diría el gran bailarín Antonio Gades.

Desde que abriera sus puertas, en el centro de la capital, la Sala Temple se ha convertido en uno de los espacios de referencia para disfrutar del cante, el baile y el toque más puros de todo nuestro folclore.

Considerada como una de las ‘catedrales’ madrileñas del flamenco, cada fin de semana se dan cita en Temple decenas de personas que quieren vivir la emoción del duende a escasos metros de su cuerpo.

Porque esa es la gran clave del éxito de este espacio: que las personas que van a disfrutar del espectáculo se sienten no como si estuvieran en un teatro, sino como parte de una fiesta improvisada donde el objetivo es, sobre todo, sentir en comunión ese ‘fuego y veneno’ que aparece en escena cuando suenan los primeros acordes de guitarra y que algunos llaman duende.

Un espacio visitado por los mejores artistas de la capital

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Sala Temple destaca por ser uno de los espacios por los que, semana a semana, pasan algunos de los mejores artistas flamencos de todo el país.

Por una entrada que parte de los 19.90 euros, consumición incluida, se puede disfrutar del talento de Antonio de Manuela o Paz de Manuel, cantaores con una gran trayectoria a sus espaldas.

Ambos, junto con una gran nómina de cantaores, guitarristas y bailaores, alternan sus agendas para que cada semana, de jueves a domingo, las personas que quieran descubrir el mejor flamenco en Madrid lo hagan en este espacio.

Para ello, la agenda de Temple se divide en un total de ocho espectáculos semanales: con dos pases al día, una veintena de artistas se sube a las tablas de la sala para convocar la herencia de los cantes, la tristeza de las seguiriyas o el jaleo feliz de las alegrías y bulerías.

Un espectáculo integral

Lo más interesante de Temple es que a la cercanía y a la calidad de su cuadro de artistas se une la sensación de estar en una vieja taberna gaditana o en el pleno centro de Sevilla.

Para ello, la sala ofrece la posibilidad de maridar música, baile y cante con la gastronomía. Casi es una exigencia: celebrar el flamenco con un buen plato de embutidos o una copa de blanco sobre la mesa es mucho más auténtico que hacerlo en las butacas frías de una sala de teatro.

La idea es que el visitante viva de un modo intenso, y en primera persona, lo que sienten estos artistas que, desde niños, han estado cerca de una guitarra y han disfrutado del momento en el que alguien, improvisando, se ha marcado unos compases en plena calle o en una reunión familiar: ese espíritu es el que sostiene a la Sala Temple como uno de los mejores espacios para sentir el verdadero flamenco en Madrid.

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