“Lo más importante para un poeta es no caer en lo patético”

María Marín.
La ciezana María Marín publica ‘El desafortunado intento’, su primer poemario

Su piel es de una delicada blancura, como si toda la vida le hubiese amparado la campana de cristal de su admirada Sylvia Plath. Habla de un modo entrecortado y con los titubeos de un joven Woody Allen, vacilaciones que derrota cuando se pone ante el papel. María Marín (Cieza, 1991) es una poeta de intensidad y belleza que trata de responderse a la pregunta de qué demonios hace aquí. El próximo jueves presenta, en el museo Siyâsa de Cieza, ‘El desafortunado intento’, su primer poemario, publicado en la regional Boria Ediciones. La cita es a las 19.30h.

Reconoce que ha trabajado durante varios años en este poemario. ¿La poesía requiere de fuego lento?
Estoy convencida de que sí, al menos lo que conlleva la estructuración, el darle forma, que aquello madure, que todo se asiente; y eso solo puede conseguirse dándole tiempo. O eso creo.

¿Cuánto de usted hay en su obra?
Bastante más de lo que me gustaría, pero no debemos olvidar que no deja de ser ficción —como cualquier manifestación literaria—. Aunque la ficción también forma parte de nosotros y sigue siendo real.

La muerte, la inexistencia, la inapetencia por la vida, tienen un fuerte protagonismo en su obra. ¿A qué se debe?
Creo que todos pasamos por momentos así en nuestra vida, solo que, para algunos, estos resultan más intensos de la cuenta, se prolongan más en el tiempo, se quedan a vivir contigo y eso ya resulta complicado. En el libro están mis intentos de darme a mí misma la oportunidad de ver desde fuera todo eso, de tener otra perspectiva ante este tipo de pensamientos.

Cubierta El desafortunado intento, de María Marín.
Cubierta El desafortunado intento, de María Marín.

Ahora que publica su primer libro, ¿teme al lector?
No es que lo tema, es que me da pánico. He pensado muchísimo sobre esto, porque soy bastante pudorosa en ese aspecto y esta exposición es también una prueba para mí. Quiero tomármelo casi como un experimento.

En su libro conviven dos personalidades, un Dr. Jekyll prudente, intimista, sensible, y un Mr. Hyde irónico, burlón y con incontinencia verbal ¿Cómo apacigua a estas bestias y hace que vivan en usted?
Escuchándolas a ambas, dejándolas hablar. Con el tiempo he ido aprendiendo a no odiar a ninguna de las dos, a no querer desterrarlas —que es lo que intentaba al principio—, y a darles el crédito que considero a cada una en un determinado momento.

Utilizo sus propios versos para preguntarle: ¿Como te deshaces de ti mismo/ sin morir en el intento?
No lo sé, pero encontrar algo que te haga dejar de pensar es algo casi parecido a eso de deshacerte de ti mismo, algo que te deje el cerebro anestesiado. Hablar con personas a las que quieres también ayuda, no a deshacerte de ti, sino a no querer hacerlo. En cualquier caso, sobre todo darse tiempo.

Fuera del libro, este pensamiento no es agradable, y es importante tener o buscar con quien hablar en el momento en que eso te pasa por la cabeza de manera recurrente.

El desafortunado intento está plagado de citas extraídas de obras narrativas. ¿A qué se debe?
Lo que más me gusta hacer en el mundo es leer —aparte de darle abrazos a mi gato—, y leer narrativa, especialmente. Me gustaría algún día conseguir acabar una novela, aunque solo fuera para mí. Algún día.

La portada de su libro es el rostro en primer plano de un gato. También les dedica uno de los poemas más delicados del libro. ¿Por qué los gatos?
Los gatos son dioses. Ganarte el amor y la confianza de un gato no es cualquier cosa, te miran de igual a igual, tú no tienes a un gato en tu casa, tú vives con un gato. Son el animal más delicado y elegante del mundo —los felinos en general—; la paciencia que tienen es de otro mundo. Me fascinan, puedo pasarme horas mirándolos no hacer nada, y me relaja verlos dormir —porque ver dormir de verdad a un gato es complicado—.

¿Qué es lo más importante para una poeta?
No sé bien qué contestar, porque sigo sin poder considerarme poeta, me parece un título que no me atrevo siquiera a ostentar, sería demasiado atrevimiento. En mi caso —hablando como alguien que intenta—, lo más importante podría ser no caer en lo patético, buscar una voz propia fundada en el conocimiento de todo lo ya escrito.

Y no dejar de leer. Quizá esto último sea lo realmente importante.

¿Cuál será su siguiente poema?
De eso sí que no tengo ni la más remota idea, pero seguro que habrá un gato al lado mientras lo escribo.

¿Qué no se ha cansado de intentar?
De dar las gracias a todos quienes se quedaron conmigo y me esperaron cuando yo también decidí marcharme.

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